7 de febrero, 2017
Por Oscar Chacon,
Director Ejecutivo, Alianza Americas

El desenlace electoral de las elecciones presidenciales recién pasadas en los Estados Unidos de America (EUA), no es un suceso aislado en el escenario global. Se trata del más reciente, y más peligroso desarrollo político de una tendencia global que nos trajo Brexit, como también la derrota del plebiscito sobre la paz en Colombia. Además, es la misma tendencia que ha llevado a la elección de políticos conservadores, ultranacionalista en varios países europeos en años anteriores, y que amenaza ahora con resultados electorales similares en Francia, Holanda y Alemania. 

A la base de esta tendencia está el modelo de capitalismo global que domina las economías de muchos países alrededor del mundo. Se trata de una versión de capitalismo que favorece cada vez mayores tasas de ganancias a toda costa, combinada con la concentración de la riqueza en cúpulas oligárquicas cada vez más pequeñas. A esta lógica económica se le suma el abandono creciente de políticas de responsabilidad social en áreas claves como la educación, el cuidado médico, las condiciones de vivienda, el deterioro ambiental y el bienestar de la población jubilada.

Una segunda premisa detrás de la ascendencia de fuerzas políticas que en años recientes eran considerados extremistas mayormente aislados, ha sido el fracaso rotundo de partidos políticos tradicionales en cuanto a corregir el todavía creciente patrón de desigualdad económica. La ciudadanía se siente cada vez más ignorada por las elites políticas de los partidos políticos tradicionales que han venido administrando el aparato de estado, sin resolver los desafíos que aquejan a la mayoría de las personas.

Un tercer factor que añade complejidad a la situación actual ha sido el mal manejo que se ha hecho hasta ahora de la cambiante realidad demográfica de naciones que hasta hace 40 años, se caracterizaban por una fuerte homogeneidad étnica y racial. Esto no quiere decir que no había minorías étnico-raciales en los países más ricos del norte global. Simplemente esas minorías eran tan pequeñas que podían ser oprimidas e ignoradas. Lo más importante es que las minorías no presentaban una amenaza real de cambio a la identidad étnico-racial de dichos países.  
Los EUA son un buen ejemplo donde las condiciones antes mencionadas se han venido crecientemente manifestando, hasta llegar a la realidad actual. La candidatura de Donald Trump, logro articular un mensaje de campaña que respondía a los temores que se han venido acumulando a lo largo de varias décadas, lo conjugo acertadamente con una visión nacionalista blanca, un discurso económico proteccionista, y una serie de promesas demagógicas que prometen la utópica idea de regresar al pasado descrito por sus asesores como los días de grandeza de los EUA. La campaña de Trump hizo una excelente utilización de tácticas de supresión electoral que se han venido poniendo en vigencia por muchos años y que están diseñadas para aprovechar al máximo el sistema electoral de los EUA, para beneficiar una agenda conservadora.

Desdichadamente, Donald Trump ha llegado a la presidencia con el enorme beneficio de contar con mayorías republicanas en ambas cámaras del congreso federal. La bancada republicana tendrá 52 de los 100 senadores federales. En la cámara baja, tendrán 241 de los 435 representantes. Además, Trump seguramente gozara de una Corte Suprema de Justicia dominada por juristas conservadores. En adición al puesto que quedó vacante en febrero del 2016, y que le correspondía a Barack Obama haber llenado, es muy probable que Trump tenga la oportunidad de nombrar a un juez adicional, debido a una potencial jubilación. En pocas palabras, es una condición envidiable cuando de decisiones trascendentales para la nación se trata.

De las promesas a la realidad

Donald J. Trump fue juramentado como el 45vo Presidente de los EUA el viernes 20 de enero. Desde esa fecha, el ahora Presidente Trump ha emitido 20 órdenes ejecutivas (OE) abarcando una amplia gama de campos de política pública que van desde temas ambientales, energéticos, comercio exterior, sistema financiero, el sistema de cuidado médico conocido como “Obama Care,” el reasentamiento de refugiados, el control fronterizo, el trato a la población extranjera, especialmente a quienes viven sin papeles, etc. Lo que se comienza a ver del Trump candidato, al Trump presidente es que quieren proyectar una imagen del Presidente como alguien que cumple con sus promesas.

A partir de las OE ya emitidas, como también de la composición del gabinete federal y las posiciones claves de asesoría presidencial, es fácilmente previsible que esta administración buscara complacer los intereses económicos que han venido dominando la realidad de los EUA desde hace muchas décadas. En particular, se beneficiará el sector financiero, la industria petrolera, y la industria armamentista conocida como Complejo Militar Industrial. Las promesas en torno a revivir la industria manufacturera y recrear la base industrial de empleos que caracterizo a los EUA desde los años de la segunda guerra mundial, hasta mediados de la década de los 80’s, seguramente no se podrán cumplir. Un campo de potencial generación de empleo bien remunerados es el de la construcción y mantenimiento de infraestructura critica. Sin embargo, la única manera de lanzar una mega iniciativa de este tipo implicaría aumentar sustantivamente la deuda pública, algo que va en contra de la ortodoxia política conservadora.

Precisamente ante la posibilidad que mucha de las promesas demagógicas en el ámbito económico no se puedan cumplir, la Administración Trump ha decidido avanzar sus prioridades en el ámbito de la agenda nacionalista blanca. Dicha agenda, dirigida por ideólogos que han promulgado desde hace muchos años el concepto de una moratoria total a toda inmigración en los EUA, se ha enfocado en medidas que atacan a la comunidad mexicana (y por añadidura a todos los hispano-parlantes del país), a la comunidad árabe y a la religión musulmana. Estos ataques se han dado en la forma de las OE’s. Una de ellas busca reforzar el control de la frontera sur, donde se enfatiza la expansión del muro fronterizo con Mexico. La segunda busca reforzar la aplicación de la ley de inmigración a lo largo y ancho del territorio estadounidense. La tercera ha decretado una suspensión por 120 días del programa de reasentamiento de refugiados, como también una prohibición de ingreso a los EUA de nacionales de 7 países mayormente musulmanes. Esta restricción aplica aun a personas que tienen visas de inmigrante, conocidas como micas o residencia permanente.

Reacción ciudadana

Como es bien conocido, el sábado 21 de enero se llevaron a cabo movilizaciones de protesta ante la recién instalada Administración Trump. Estas movilizaciones fueron originalmente concebidas como una protesta de las mujeres, contra una administración encabezada por un predador sexual, como lo evidencio el infame video de Hollywood, dado a conocer en el marco de la campaña electoral del año pasado. Pero sin perder ese foco, las marchas se convirtieron en un canal de expresión de muchos sectores sociales que se sienten amenazados. Las movilizaciones fueron mucho más numerosas y mucho mejor concurridas de lo que se esperaba. Indudablemente, han planteado un comienzo vigoroso de lo que podría ser una larga jornada de resistencia. 

Las movilizaciones del 21 de enero fueron seguidas por movilizaciones el 27, 28 y 29 de enero, mayormente espontaneas, en protesta a la OE que prohibía el ingreso al país de personas árabes y musulmanas. En muchos aeropuertos del país, miles de personas se concentraron para defender el ingreso de personas que ya estaban en camino hacia los EUA cuando la OE fue emitida. Esta orden ejecutiva es ya objeto de disputa legal en las cortes de los EUA. Su suerte ultima sigue en limbo. Tanto el reforzamiento de la manera en que la ley de inmigración se aplica en el interior del país, como el reforzamiento del control fronterizo en la frontera sur, incluyendo la expansión del muro que divide a los EUA y a Mexico; son ambas medidas relevantes al futuro de la relación entre los EUA por un lado, y Mexico, America Central y el resto de America Latina por el otro. El espectro de una política mucho más agresiva de detención y deportación de mexicanos y centroamericanos pudiera tener un efecto sumamente desestabilizante para estos países. Pero más allá del tema migratorio, la Administración Trump ha amenazado con la revocación los acuerdos comerciales, en favor de nuevos acuerdos bilaterales con cada uno de los países involucrados.

La tendencia de las últimas décadas ha sido una de cada vez mayor acomodamiento por parte de los gobiernos de la región a las peticiones de los EUA. La actitud tan irrespetuosa de esta administración pudiera forzar la apertura de una nueva era en las relaciones entre Mexico, America Central y el resto de America Latina con su gran vecino del Norte. Indudablemente, hemos entrado a aguas no navegadas en tiempos recientes. Se trata de un momento propicio para la renovación desde adentro de las sociedades del continente americano y del mundo, de lo que debería significar la democracia, la justicia económica y social; y la co-dependencia entre las naciones que somos parte del vecindario global en el que ahora vivimos.
 


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